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viernes, 14 de marzo de 2008
Alpinistas

Hastío
Rojo es mi cielo, como fugaz es tu mirada y silente tu calma. No te odio, pero tampoco te deseo. Tu indiferente estar, ser o existir, nuestras vidas en paralelo, vos en tu realidad y yo en la mía, vos en tu arte y yo hundida en los mares de la literatura y sus duendes sempiternos.
Voces que llegan invitándome a otras sueños y otras esquinas rosadas, Borges en el alma y Pablo esculpiendo odas a rocas deshechas de mar y hastío.
Rojo es mi cielo, ausente tu mirada, indiferente tu calma. Aún te quiero, pero me gustaría una flor en el alféizar de mi mañana.
Comentarios al pasar...
Entre ayer y hoy me llegaron más de cuatro mails de artistas argentinos. Tres escritores y un cantante para ser más exacta.
En los primeros, me invitan a participar de antologías u homenajes, a leer sus escritos o me felicitan por algún "delirio" mío.
Los tres primeros alzan mi autoestima hasta el obelisco, pasando por Barracas y Nueva York.
El cuarto, el músico, autor, compositor, cantor... me responde por un poesía veloz que escribiera en oportunidad de su cumpleaños, que le ha gustado, casi tanto como a mí su letrilla azul y sensible.
Y aquí viene Becquer a mi memoria "le he visto, le he visto y me ha mirado: hoy creo en Dios".
domingo, 27 de enero de 2008
PAISAJE LITORAL
Esas plantas enjauladas por el cemento carecen de exhuberancia, mas padecen la duda del no ser.
Creo en lo que veo y toco, no veo, nadie-nunca-vio, pues no creo.
Un sol remolón besa las macetas, le hace un guiño a la palmera y se esconde a jugar detrás de una nubecita anoréxica.
Ojalá termine pronto el verano, es decir: el calor. Me harta-hastía-cansa-fatiga-pudre-enloquece-masacra-enferma y un largo y verbal etcétera.
Me encantó el desafió de vivir en una cabaña, junto a un río rebelde y cruzar a una isla indómita. Te amo allí y aquí, como amo nuestro paisaje litoraleño.
sábado, 17 de noviembre de 2007
En el banco de la Plaza
Aquella tarde oyó pasos traviesos de una niña morena que lo miraba con ternura.
Se sentó en otro banco, más cerca de los álamos y se hundió en el diario. La nena se siguió aproximando, con su vestido rosa y zapatillas sucias de arena.
Le ofreció una flor que había arrancado cerca de las hamacas, él la miró sobre sus lentes y le dijo que no.
La vio irse hacia los juegos casi corriendo. Leyó el suplemento cultural, los avisos fúnebres y las notas internacionales. Se enteró de que un pueblo del Perú precisaba ayuda por un sismo y otro argentino por la inundación. Colchones, mantas, frazadas, alimentos, medicamentos.
El reloj de la Catedral dio las tres.
La nena volvió a pasar cerca, esta vez con su mamá. Linda mujer de pelo caoba con flores blancas, vestido hindú y piernas resueltas, pensó. Nunca las había visto antes.
La nena lo señaló y se acercaron.
- Somos nuevas en la ciudad, Magalí quería darle una flor...
- Me parece bien, señora, pero que la nena no se acostumbre a hablar con extraños... esta ciudad es grande y los problemas también.
- Tiene razón, vivíamos solas en un pueblo, pero conseguí trabajo aquí... -dijo señalando hacia el centro comercial.
- ¿Y su esposo?
El silencio fue opresivo y la lluvia que se acercaba, acechante. Caminaron los tres hacia el bar de la esquina donde él invitó. Don Baltazar lo miró con satisfacción desde la barra.
Hace más de diez años que los veo juntos, caminan por tucumán tomados de la mano y beben café en lo de don Baltazar mientras se miran con cariño. Yo sigo mi rumbo hacia la peatonal.
domingo, 14 de octubre de 2007
ELLA Y EL
Su familia tenía ciertos hábitos y costumbres. La familia de él, otros.
Un día se conocieron.
Otro día se amaron.
Una mañana se casaron en el Registro Civil de Esmeralda.
La familia de ella continuó con su tienda abierta aquella mañana, como si nada. La familia de él cuidando el ganado ajeno, como si nada.
A trescientos kilómetros del pueblo natal, son felices. Sus hijos mayores son morenos, el menor, gringo. Todos unidos y felices.
sábado, 6 de octubre de 2007
लेजाना Nube
Soñé contigo anoche,
Desperté en paz, ahora en la certeza
Sigo con los ojos abiertos, ya sin miedos,
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Aparición
Bailó con ella toda la noche. Los sorprendiós el amanecer. Me tengo que ir, dijo ella, él la acompañó. Caminaron hasta el final de la avenida Sarmiento, donde los árboles abren paso al campo y el pueblo se termina.
-¿Pero dónde vives?
-Acá. -Y lo saludó con la mano agitando su falda blanca manchada de chocolate...
Luego atravesó las rejas del Cementerio Municipal sin tocarlas, como si fuera parte del viento y desapareció en el aire húmedo del amanecer.
martes, 18 de septiembre de 2007
Soñé
Soné tu mirada. Soñé tu llamada. Soñé tu amor.
Desperté sola en una mañana gélida.
Desperté con mil obligaciones y problemas.
Desperté y ni en sueños te pude hallar.
Pedro y Pablo
A veces pasean por Vía Apia como fantasmas silentes, sin manos, culminando un veintinueve de junio cualquiera en una Roma tan cruel como vieja, ígnea, atroz.
Tal vez necesitemos dos mil años más para comprenderlos. Para saber qué quisieron gritar desde allí al mundo. Tal vez.
La Perfidia
Iba a visitarla a La Plata todos los fines de semana, salían, bailaban, se amaban sin límites.
Ella, algo mayor, ya cursaba tercer año del Profesorado en Ciencias Exactas.
El, un día cualquiera, halló el diario en el sillón del patio. Lo abrió sin pensar demasiado.
En los avisos sociales, halló el nombre de su amada. María José se casaba el sábado siguiente con el aristócrata español Jesús Manuel de Griñón en la Catedral de La Plata.
Los novios saludaron en el atrio.
Rea

Me atrevo a decirte que te tengo lástima. Cuando el cliente es atractivo, envidia.
Hay que ser muy macho para ser puta.
Estar fuera de las miradas de una ciudad tradicional, un país histriónico, la religión que agobia, un mundo que juzga. Cruzaste todas las líneas, estás más allá, pero seguís dentro de un mismo globo de metal y hielo.
Sin Epifanía

Era enero cuando se fue. Así, sin decir palabra.
Vivió, sufrió, lloró, parió, rio, amó. Se mudó cinco veces a cinco ciudades diferentes, haciendo un mapa afectivo de la provincia más sensible que la fría cartografía.
Se la llevaron los Reyes en alguna alforja de nubes, no hubo epifanía para ella.
Tal vez en este enero interminable la vida triunfe sobre la muerte.
Tal vez la eternidad no sea un verso más de los tantos que ellos prometen.
Quizá.
Homenaje póstumo a mi abuela gringa, Magdalena Marconi, fallecida el 5 de enero de 2006.