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jueves, 30 de diciembre de 2010

RATING

Se burlan desde la quinta pared, ventana vieja con olor a rancio, se ríen de los enemigos de turno y yo me largo a reír a carcajadas cuando leo el chisme inventado en las revistas amarillas, "blef" que será devorado en pocos días por el siguiente invento o rumor.
De pronto, todos se aman, de un día para otro, todos están contra todos. Y cambiarán de sentimientos cuando la última cámara se apague.
El rating puede más que la vida de su madre, son terribles y no lo disimulan. Vender, vender, sólo quieren vender un puntito más de audiencia, sin códigos, sin límites, sin miramientos.

Mejor leo el libro de Juan Pérez que dejé en la mesa, o les escribo a ustedes, queridos seguidores, antes de hacerle el juego a ciertos programas de la tele.

Hasta el año que viene.

martes, 16 de noviembre de 2010

Locura rural

Tu testarudez dibuja rejas en el perímetro de tu vida.
Las plantas se secan en el jardín de tus pensamientos y la lava volcánica que posees como voz se exacerba ante la presencia femenina.
No mereces el bello paisaje en el que vives.
No mereces la familia que tienes.
No mereces un capullo en el zaguán de cada amanecer.

martes, 9 de noviembre de 2010

Amanecer de un día pensado

César y Paul dormían juntos. Más que juntos, en una suerte de "L" larga como las piernas de Paul.

Nosotras tres, Vanina, Clelia y yo, charlábamos en la galería animadamente en una noche invernal que podía ser eterna si no fuera por las siempre chispeantes anécdotas de Clelia.

Los hoolligans* de Mariana, afincados en el breve patio de invierno que la empresa funeraria posee al fondo,  fumaban y tomaban vodka que trajo Tago y pasó los controles en su petaca de bolsillo interior.
Mariana los dirigía, sin alegría pero con ánimo, hacia una conversación que iba desde los lejanos acordes de los Beatles hasta el folklore del Paso del Salado. Siempre sin perder de vista que  alejado del grupo, Juanma fumaba algo que no parecía tener la identidad de un cigarrillo estándar.
Fueron a "mangar" café a la cocina, al ser las tres de la mañana el mozo estaba echado en una reposera con el diario sobre la cara y los miró con ánimo de comerlos vivos con un "ya va" como toda respuesta.
Fui al baño.  Estaba tan cansada que casi me meto en el de caballeros, pero un último movimiento, me giró hacia el que tenía el cartel para damas.
Imaginaba el amanecer oprobioso en el que muchos llegarían, tal vez por compromiso, otros por un auténtico sentimiento de respeto hacia María y la mayoría, por inercia.
Me encontré en el espejo.
Mi cara reflejaba el cansancio de sus últimos días de vida, sin dormir, comiendo mal y escuchando su respiración entrecortada. Suspiré.
Desde niños todos sabemos que venimos a este mundo a despedir a nuestros padres, pero nadie sabe cómo reaccionará cuando llegue el momento justo.
Mi tranquilidad era alarmante.
Pensé en papá, en la abuela piamontesa y en su esposo, mi abuelo rural. Sentí rabia hacia los dos últimos, que se habían llevado a su hija antes de tiempo para dejarme sola en Santa Fe.
Intenté llorar, no lo logré.
Salí de nuevo a la galería, mis dos amigas seguían animadas en su charla y aproveché para ir al patio a controlar a la patota**: en esa densa oscuridad acentuada por la vegetación, pude ver como Tago seguía besando la botella sin ninguna alteración por mi presencia, Mariana me vio pero giró para continuar la charla con Clara y Mara fumaba cerca de Andreina, pero riéndose con los chistes de Jofe.  Creo que el único que acusó recibo de mi presencia fue Juanma, a quien le miré descaradamente las manos buscando algo que no hallé.
Llegó el mozo con una bandeja plena de tacitas.
Me fui sin decir adiós, subiendo hacia el hall, mientras las risas juveniles me llegaron bien avanzados mis pasos hacia la capilla ardiente de mi madre. 
Al rato, María apoyó con fuerza sus manos blancas sobre mis hombros, dándome una presencia de ánimo con el que pude hacer frente al amanecer sin fantasmas, sintiendo  su etérea y transparente presencia como una nube que sobrevuela una isla desierta en alta mar.

*En Inglaterra, seguidores de un equipo de fútbol, generadores de disturbios y desmanes.
**En Argentina, pandilla de amigos generalmente jóvenes.

martes, 26 de octubre de 2010

Obreras

Derecha, izquierda.
Frente.
Bajan, suben, se esconden del sol.
Y del hombre.
Trabajan como hormigas pero
son abejas.
La Reina las observa, los zánganos
también.
Las obreras siguen trabajando,
fieles
a su naturaleza eterna.

lunes, 13 de septiembre de 2010

ELLAS

Míralas. Un breve escuadrón de mujeres sudadas en la cima del mundo. Lo lograron.
No sé si mañana serán lo más importante en la tapa de los diarios, tal vez no.
No sé si mañana tendrán ofertas millonarias ni la gente saldrá a las calles a festejar.
Son leonas, parecen panteras y a veces lobeznas.
Aún transpiran la noche rosarina, en la cima de todo, con un olor  celeste suave.


sábado, 7 de agosto de 2010

Pies sin Raíces


Tierra. Aire, frío y ríos. Buenos Aires me espera y vos estás tan pálida, como de cartón.

Creo que empezaré a conocer o recorrer lugares prohibidos: grandes urbes, pequeños pueblos de montaña, lagos y hielos.


Tierra. Aire, frío y ríos.

También mares de locura y mares de placer. El atlántico con su poder y el pacífico azul bravío.

El desconocido índigo y su mirada azul en las Maldivas.


Y cuando vuelva al departamento urbano o a mi cabaña rural, contaré a todos mis experiencias de viajera trashumante.


Ya no me arraigaré tanto a la tierra. Mis pies se soltarán de sus locas raíces y deambularán sobre realidades remotas.

Aire, frío y ríos son lo que preciso ahora que te has ido.

sábado, 31 de julio de 2010

Hasta Nunca

Chau
Adiós
Vete
Hasta nunca
Todo eso y mucho más te diría cada vez que tu cara insípida se asoma por nuestra oficina para recordarnos, como todos los meses, que te falta poco para irte.

SIN CONCIENCIA

El viento frío arremolinaba el odio. Es una mujer desesperada por la vida y por la estafa moral de un hombre sin escrúpulos ni conciencia. En esa esquina de una calle cualquiera, gritaba su bronca a quien la quería escuchar.
Algunos parroquianos del bar giraron sus cabezas para mirar quien era la histérica. No pudieron creer lo que vieron: una linda mujer de no más de cuarenta años, despellejaba a los hombres a través de su teléfono celular.
Sin conciencia.
Sin conciencia es el hombre que eligió para compartir la vida, sin conciencia, ni moral, ni amor.
Él sólo se ama a sí mismo.

jueves, 1 de julio de 2010

Adiós María

Adiós mamá.
Adiós amiga.
Adiós maestra.
Adiós María.

jueves, 25 de marzo de 2010

La coartada de la cortada


Dorita envejece en su pueblo sin que se le acerque un hombre. Comparte el té con amigas en el boulevard Lola Mora o teje para los niños del Hospital, pero jamás da acceso a un elemento masculino a su vida ni siquiera para una simple amistad.
Dicen los vecinos que tuvo un amante hace más de tres décadas. Casado y cercano a ella, la esposa se medicaba para dormir lo que facilitaba que él desde el último patio de su amplia residencia saliera a la cortada posterior y de allí accediera al jardín de su querida.
Pasaban noches enteras juntos, sin disimulo ni pudor. Los más viejos de la cortada Pujol aún lo recuerdan saltando en paños menores la cerca de Dora hacia el tapial del patio de su casa por la madrugada, temiendo que el efecto de las píldoras ya hubiera menguado y la esposa no lo encontrara al despertar.
Pasaron un par de años exactamente iguales.
Él salía por la puerta del frente de su casa hacia la avenida Merindo como un señor, buen padre de familia y esposo dedicado. Asistían juntos a misa todos los domingos y a las reuniones de la Liga de Padres de Familia cada quince días para departir con otros matrimonios afines.
Germanos de origen, les gustaba la cerveza y era corriente verlos en algún patio cervecero cenando o simplemente "picando" algo mientras la noche se debatía contra el calor denso y húmedo.
Una noche estrellada, los felices esposos entraron al bar del hermano de Dorita, Cano Marcolongo.
Por una excepción, ella debió reemplazar a la cuñada enferma en la caja desde donde veía todo lo que sucedía en el salón.
Era un sábado de enero bullicioso entre charlas y risas de adultos, jóvenes y niños que buscaban una tregua para el calor sofocante.
En medio de la confusión, ella tomó una cuchilla y se encaminó hasta la mesa de su amante. La esposa la miraba y cuando la estaba por saludar como buena vecina, el filo del metal ya estaba penetrando la espalda de su marido. Todos gritaban pero Dorita bajó la vista y con el vestido salpicado de sangre se encaminó hacia la puerta. Le hizo señas a un taxi y desapareció al tiempo que llegaba una ambulancia que alguien del bar llamó.
El marido infiel sobrevivió algunos días en terapia intensiva del hospital regional y luego lo internaron en Rosario. Perdió bastante sangre pero con el tiempo fue mejorando y salvó su vida.
No pudo hacer lo mismo con su matrimonio.
La Liga de Padres de Familia procedió en seguida a darlo de baja entre sus miembros y emitió un comunicado interno solicitando no se tocara el tema por prudencia y respeto a la esposa.
Dorita estuvo presa procesada por tentativa de homicido, cargo del que no se arrepintió y se declaró culpable.
En nueve años cumplió su condena, regresó al pueblo, a su barrio y a la casa de la cortada.
Del matrimonio vecino sólo se supo que la esposa, divorciada, se radicó tiempo después en San Jerónimo de Tuzón, donde aún vive con el único hijo.
Al esposo nunca más se lo vio por el pueblo y nadie sabe a ciencia cierta si aún se encuentra con vida.
Dorita purga sus culpas en cada tejido para caridad, mientras mira la riña de las puntas de las agujas, recuerda el metal entrando por la espalda con una breve sonrisa de satisfacción.


viernes, 5 de febrero de 2010

Espejo, Poder y Lluvia

Veo el espejo, veo tu faz y veo esos niños en el andén. Sigue diluviando sobre la ciudad, sobre Sudamérica y sobre el mundo sin piedad. Te amo.
Perderte sería perderme, no amarte igual a amargarme y olvidarte misión imposible.
Los ojos verdes del Poder vigilan la vida ajena como un Gran Hermano universal, pero trato de vivir sin que me pese.
Prefiero tus ojos moros mientras me hundo en tu piel azteca.

martes, 12 de enero de 2010

Una Versión Argentina de la Pasión

Les lavó los pies a los amigos con Espadol, les dijo que su tiempo era corto, que pronto moriría. No entendieron.Les dio pan y vino torrontés a los mismos, les repitió que le quedaba poco tiempo, no entendieron. Lo acosaron a preguntas. Le rogaron que no se fuera. Uno preguntó por qué no había cerveza y fainá. Sólo respondió que uno de ellos lo traicionaría. Salieron todos después de comer al patio de los olivos, mientras Judas mandó un SMS a un amigo policía. Él lo miró de reojo comprendiendo todo. Los demás charlaban y algunos cantaban un tema de Madonna, mientras varios móviles de Crónica se acercaban, también un camión de TN y por último, dos coches policiales. Lo llevaron preso, pero antes de subirlo al móvil policial, los periodistas le preguntaran por qué lo apresaban, quienes serían sus abogados, qué pensaba de la pena de muerte y del flog de Cumbio. No respondió, los miró con tristeza. Lo llevaron a una celda oscura de la cual sólo lo sacaban a la luz del patio para azotar su espalda. Desde un edificio cercano una periodista audaz filmó todo con su móvil y lo mandó al periódico. Pronto lo sabía todo el planeta en más de cincuenta idiomas. La sangre de la espalda, escasa y oscura, gracias al photoshop, parecía salsa de tomates en cataratas y el diario vendió miles de ejemplares en menos de dos horas. Un escándalo mundial había comenzada y nadie iba a perdérselo ni a dejarlo para la segunda página. Mientras tantos, humanistas, ecologistas, pacifistas, organizaciones de derechos humanos, partidos políticos de izquierda y derecha, convocaron a diferentes marchas urgente por las calles de Buenos Aires. Como el acusado era buen mozo y no había delito a la vista, muchas mujeres se sumaron en cualquiera de las tantas marchas aquel día, desbordando las calles porteñas. El tránsito se había convertido en un caos, sólo circulaban motos o bicicletas a motor. De la ciudad era difícil salir, ya que varios de los seguidores mandaron prender fuego a neumáticos y no dejaban pasar a nadie sin antes darles panfletos y volantes diciendo quien era Jesús, que no tenía maldad pero era un capricorniano testarudo, que la Justicia se equivocaba. Uno de sus mejores amigos, Pedro, perseguido por una movilera de Intrusos, negó conocerlo, pero luego lloró tanto que la periodista comprendió que mentía por miedo. Al rato, se escuchó cantar un gallo en el microcentro.El Juez, un tal Pilates o Pilatos, no sabía qué hacer. Se levantó, desayunó nervioso y leyó todos los periódicos a su alcance: el "cuarto poder" estaba del lado del acusado y el pueblo lo defendía con gritos y carteles, desde la acera de su mansión.Se lavó las manos en una bandeja de plata, tomó un Lexotanil y mandó a condena perpetua a un tal Barra o Barrabás, un delincuente con prontuario más gordo que Al Capone, ya que al judío lo defiende casi todo el mundo y no puedo echarme a la opinión pública en mi contra -pensó- si quiero ser diputado el año entrante. Mientras tanto, en las afueras de la ciudad, Judas deambulaba sin poder soportar su cargo de conciencia. No hallaba consuelo y arrojó su teléfono celular a una zanja. Se ahorcó colgándose de un árbol frondoso. Bajo su cuerpo, quedaron los 3.000 dólares que había recibido a cambio de su traición. Un campesino y su hijo bajaron el cadáver, llamaron a la policía rural y se quedaron con el dinero. Nadie fue a reconocer el cuerpo en la morgue ni admitió conocerlo.

jueves, 7 de enero de 2010

POLITI-K


Mi psiquiatra se enojó de nuevo conmigo. Ahora, porque el presidente del Banco Central se niega a abandonar su puesto y no tenemos la misma óptica.
Expresé que el señor Tornado debe obedecer al ministro Bubú. En cambio, mi doctor dice que se debe ir aceptando la decisión de la presidente de la Nación, Nestorina de Kirlombo.
Además, observé que no podemos ser todos candidatos para el 2011. No coincidió y cambió de tema.
Ahora, estoy encerrada con el televisor que echa vapor, transmitiendo en vivo como Tornado es expulsado por Mala Conducta, como niño del colegio, según decreto de Nestorina de hoy.
Él sigue atrincherado en su sillón, donde pasaría la noche rodeado de abogados.
Yo, pastilla blanca en el paladar, trato de sobrevivir al atroz encanto de ser argentina.