
Empacó todo en dos cajas. Bajó por las escaleras y subió a un taxi, furiosa, sin saludar jefas ni compañeras.
Dos horas más tarde, jugaba miradas con el gerente zonal de Profiumel. Su falda era translúcida y la mirada del hombre profunda.
Entró al despacho de él y le sirvió café de la máquina sin preguntarle si deseaba una taza. Charlaron hasta la noche, entre miradas y palabras sensuales le aseguró el puesto de secretaria que la empresa ofrecía en el diario.
Pasaron más de diez años de aquella conversación. Alexia es jefa de Exportación, el gerente-padrino se jubiló y ella acepta, con placer, los halagos del último ingresante de Profiumel.